36 - Reflexiones electorales: Más allá de las encuestas – La discusión está en modelo de país que elegiremos
Estas elecciones presidenciales, son una encrucijada que Colombia nunca había vivido. No porque haya un candidato sea “el bueno” y el otro “el malo” (desde el punto de vista que se mire), esa es la pelea fácil que nos tienen acostumbrados, sino porque esta vez los dos grandes proyectos que compiten son distintos de verdad: distintos en lo que piensan del Estado, distintos en cómo entienden la economía, distintos en su visión del país. Por primera vez en muchos años, el ciudadano tiene que elegir entre dos caminos que no van al mismo lugar.
La semana pasada nos la pasamos discutiendo encuestas como si fueran el partido mismo. Que si la firma que la hizo es de gobierno o de oposición. Que si el medio que la pagó tiene agenda. Que si la metodología sirve o no para Colombia. Que si el vaso está medio lleno o medio vacío. Y mientras tanto, nadie habla de lo que realmente está en juego en estas elecciones.
El problema no es la encuesta: es que nos hemos acostumbrado a cambiar el debate de fondo por el ruido del marcador. Una encuesta mide el ánimo de un momento, no define el futuro de un país. Y en esta campaña, el futuro del país depende de una pregunta que ningún sondeo puede responder: ¿Qué modelo de Estado está en juego? Esa es la discusión que nos estamos negando a tener.
Estos cuatro años cambiaron las reglas del juego y no todos lo han entendido. El proyecto de izquierda llegó al poder con una estrategia clara, la mantuvo, y la está repitiendo: pocos temas, mensaje directo, plaza pública y trabajo con sus bases. No necesita foros ni debates técnicos porque ya sabe lo que quiere defender: la continuidad de un conjunto de cambios que, le gusten a uno o no, le dan coherencia a su propuesta frente al elector.
Del otro lado, el panorama es diferente. La oposición sigue apostando por los escenarios de siempre, encuentros gremiales, debates ante audiencias ya convencidas, foros sectoriales, donde se habla con profundidad de lo que esa audiencia quiere oír, pero sin lograr convertirlo en un mensaje que llegue a la calle. La división no es solo de candidatos: es de ideas. Y en una campaña donde la política se juega cada vez más en el territorio y en la plaza, llegar tarde a ese cambio puede tener un costo muy alto.
Esta campaña no se gana con un programa
de gobierno de doscientas páginas. Se gana, o se pierde, según cómo responda
cada proyecto a cinco preguntas de fondo que definen qué tipo de Estado
queremos construir. Los detalles y los planes vienen después. Primero hay que
saber en qué terreno estamos parados:
1. El rol del Estado en la economía. ¿Un Estado que interviene directamente
en la economía, regula los sectores estratégicos y pone límites al mercado, o
uno que reduce su tamaño y deja que la iniciativa privada marque el rumbo? De
esta respuesta se desprende todo lo demás: quién paga los impuestos y cuánto,
cómo se financia la salud y la educación, quién controla la energía y los
recursos naturales.
2. La seguridad y el camino hacia la paz.
No es una discusión entre querer la paz o querer la guerra. La discusión es si
el Estado puede renunciar a su obligación más básica de garantizar que ningún
colombiano viva bajo el mando de un grupo ilegal. ¿Se negocia mientras esos
grupos siguen controlando territorios, o se recupera primero ese control y se
habla después?
3. Las reglas del juego y la
Constitución. ¿Los cambios que el país necesita caben dentro de la Constitución
del 91, o hace falta una Asamblea Constituyente que reescriba las reglas desde
cero? Esta es quizás la pregunta más seria y la menos discutida, porque toca
los límites del poder y la legitimidad del Estado mismo.
4. La política exterior y las alianzas
estratégicas.
¿Soberanía activa con diversificación de aliados, o alineación clara con
Washington como eje central? En un mundo que se reorganiza aceleradamente, esta
decisión tiene consecuencias sobre la economía, la seguridad y la autonomía del
país.
5. El modelo de desarrollo y la autonomía
territorial. ¿Un Estado que transfiere poder real a las regiones, reconoce la
diversidad de sus economías locales y apuesta por el desarrollo desde los
territorios, o uno que gestiona centralmente los recursos y define desde Bogotá
el ritmo y el modelo de crecimiento del país?
Nos quedan dos meses de campaña. Y si la
historia reciente sirve de guía, hay que prepararse para más ruido que debate,
más encuestas que propuestas, y más descalificaciones que conversaciones
serias. La polarización que viene no va a ser entre buenos y malos, aunque así
la van a vender, sino entre dos visiones de país que llevan años acumulando
diferencias y que el 31 de mayo van a medirse en las urnas.
Lo que sí podemos anticipar es esto: el proyecto que tenga más claro su mensaje —no el más largo, sino el más entendible— va a llegar mejor a esos millones de colombianos que todavía no han decidido. Las plazas van a seguir siendo el escenario de un lado. Los foros y los medios, del otro. Y en el medio, el ciudadano del común tratando de entender qué le cambia en su vida dependiendo de quién gane.
Por eso, la tarea de estos dos meses no es seguir el marcador de las encuestas. Es exigirles a los candidatos que respondan con claridad estas cinco preguntas. No con programas de gobierno. No con cifras técnicas. Con palabras que la gente entienda. Eso es lo que está en juego. Y esa es la discusión que nos debemos.
petosena@gmail.com - https://jorgealbertoserna.blogspot.com/
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