35 - Reflexiones electorales: La Gran Consulta ganó una batalla en solitario, no la guerra
I. Los resultados de la
Gran Consulta: lo que dicen los números
Con
5.857.395 votos, la Gran Consulta entrega una base real para competir en
primera vuelta. Pero esos mismos resultados dejan en evidencia un reto de
fondo: la votación se concentró en las grandes ciudades e intermedias del país,
y para ganar la presidencia en una segunda vuelta, se necesita prácticamente duplicar
esa cifra. Hay que ir por los votos de cada municipio y de las veredas
más lejanas. El reto es enorme.
Paloma Valencia — 3,2
millones de votos
El
resultado de Paloma Valencia merece una lectura justa: 3,2 millones de votos
son el reflejo de una figura política que le devolvió al Centro Democrático
parte del terreno perdido en 2022 y que llega a esta etapa con credenciales
propias, construidas con trabajo y con presencia sostenida en el debate
nacional. El CD recuperó espacio — eso es un hecho — aunque la cifra todavía
está por debajo de los registros de 2014 y 2018. Es, en esencia, un voto de
partido consolidado que ahora necesita crecer: la tarea de los próximos meses
es convertir esa base en una plataforma de construcción hacia la primera
vuelta, sumando electores que hoy no están en esa órbita pero que pueden llegar
a estarlo.
Juan Daniel Oviedo — 1,26
millones de votos
Juan
Daniel Oviedo se ganó la fórmula vicepresidencial en las urnas: con 1,26
millones de votos —superando incluso la base de firmas con que entró a la
consulta— demostró tracción real y se convirtió en el complemento natural de
Paloma Valencia. El dato que ahora define su rol en la campaña es territorial:
cerca del 50% de su votación se concentró en Bogotá y la Sabana, la misma
ciudad donde obtuvo 616.000 votos en la Alcaldía y 506.000 en la consulta. Para
que la fórmula funcione en primera vuelta, Oviedo tiene que demostrar que puede
ser algo más que el candidato de la capital: tiene que convertirse en el puente
que lleve votos nuevos — de ciudades intermedias, de sectores independientes,
de electores que no votan CD — hacia una coalición que los necesita con
urgencia.
El resto de los candidatos
— 1.365.599 votos en conjunto
Primero, hay que
reconocer el esfuerzo que implica someterse al escrutinio público en un proceso
electoral: participar en una consulta tiene un costo político, personal y
logístico que no es menor. Hecha esa precisión, los resultados se leen con
cabeza fría.
Los siete candidatos, se dividen en dos subgrupos con lecturas distintas:
• Cuatro de ellos, ya habían sido contados en elecciones anteriores. Los cuatro disminuyeron su votación. Perdieron. Eso no es un juicio moral — es un dato electoral.
• Los otros tres se someten por primera vez al escrutinio de las urnas y, en términos relativos, ganaron: obtuvieron más de lo que tenían antes de participar.
Pero la pregunta que los datos obligan a hacer
es más incómoda: después de seis meses en el radar de los medios de
comunicación, de asistir a foros gremiales, debates y espacios de visibilidad,
¿los resultados fueron buenos o malos? La respuesta que los números dan es
clara y no admite mucho maquillaje: lo que obtuvieron es, con toda
probabilidad, su techo electoral. El tiempo de exposición no se tradujo en
crecimiento proporcional de votos — y eso significa que la contribución que
pueden hacer a la coalición en primera vuelta, tiene un límite ya visible.
II. Primeras reflexiones
para la campaña: lo que los datos están pidiendo
La designación de la fórmula vicepresidencial siempre
genera debate — aplausos de un lado, críticas del otro — y este caso no es la
excepción. Es parte del deporte nacional de la política. Lo que importa a subrayar,
es que la decisión ya está tomada: Oviedo es la fórmula de Paloma, y el único
juez que vale en este momento, es el que viene después — las encuestas primero,
las urnas de primera vuelta al final.
La regla que ninguna campaña puede olvidar: en política,
1+1 no siempre es 2. Los votos no se transfieren solos, no se heredan ni se dan
por sentados — se construyen, se trabajan y se merecen. Hay que ir a buscarlos
donde están. Y en ese orden de prioridades, la primera tarea no es crecer: es
consolidar. Los 5,8 millones que respaldaron la Gran Consulta son el punto de
partida, no un activo garantizado. Conservarlos es la condición mínima para
poder sumar.
Los siete candidatos de la consulta tienen que definir con
claridad su rol: o son coadministradores de la campaña para la primera vuelta,
o asumen su papel de soldados de la coalición — dejando en libertad a la dupla
Valencia-Oviedo para reorganizar la campaña e ir por los votos que faltan. No
hay espacio para posiciones intermedias ni interferencias.
Para los votantes que respaldaron la coalición
en marzo no había otra alternativa en el tarjetón — votaron lo que había. Esa
fidelidad no es incondicional ni permanente. Mantenerla exige trabajo,
presencia y resultados concretos en el territorio, no solo el recuerdo de haber
participado en una consulta.
La primera vuelta sigue completamente abierta y
la gran consulta no tiene garantizada su participación; por ello, la
interpretación de los resultados y los ajustes internos de campaña serán
determinantes, para lograr un buen desempeño en esa instancia.
petosena@gmail.com - https://jorgealbertoserna.blogspot.com/
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