33 - Reflexiones electorales: Diez millones de votos sin candidato: lo que las consultas del 8 de marzo no resolvieron
El 8 de marzo de 2026, Colombia celebró tres
consultas interpartidistas que funcionaron como primer termómetro de cara a la
carrera presidencial. Los resultados confirmaron algunas hipótesis planteadas
antes del día de elecciones, pero también generaron sorpresas que reconfiguran
el escenario político para la primera vuelta.
Tres
consultas, tres termómetros distintos
La Consulta de las Soluciones: Con 575.000 votos obtenidos, la votación
quedó por debajo de la que Sergio Fajardo alcanzó en la consulta de Centro
Esperanza de 2022 (723.000 votos), y muy lejos de los 889.000 que obtuvo en la
primera vuelta de ese año. El resultado deja a Claudia López sin el piso
electoral mínimo para competir con opciones reales de paso a segunda vuelta. El
experimento de ir en solitario a una consulta, demostró tener un costo político
alto.
La Gran Consulta por Colombia: Los dos grandes ganadores son Paloma Valencia
y Juan Daniel Oviedo. Con 5.830.000 votos —cifra que supera holgadamente el
umbral de credibilidad fijado en 5 millones—, la consulta se instala como una
fuerza con aspiraciones reales en primera vuelta. Sin embargo, el dato que más
debe preocupar a sus líderes no es el total obtenido, sino que esos votos
representan apenas el 14% del potencial electoral del país. Para llegar a
segunda vuelta se necesitan cerca de 6.5 millones de votos, lo que significa
que la consulta, pese a ser un buen resultado, no resuelve por sí sola la
ecuación presidencial.
El Frente por la Vida: Perdió de punta a punta. Con menos de 600.000
votos y sin alcanzar el umbral para Senado, el resultado deja el camino
despejado para que Iván Cepeda conduzca la candidatura del Pacto Histórico sin
interferencias adicionales y con plena libertad para escoger su fórmula
vicepresidencial. La disidencia no tuvo músculo suficiente para forzar una
negociación.
Un dato de contexto que no debe perderse de vista:
los partidos que no participaron en ninguna de las tres consultas —distintos al
Pacto Histórico— obtuvieron más de 10 millones de votos para el Senado. Esa
masa electoral, dispersa y sin candidato presidencial definido, es la gran
variable libre del tablero que se viene.
El
comportamiento histórico por grupos de ciudades
Para dimensionar correctamente los resultados del 8
de marzo, conviene revisar cómo se ha comportado la votación en los cuatro
grupos de municipios, que definen la geografía electoral colombiana. Estos
grupos dividen el censo en cuatro partes iguales del 25% del potencial
electoral:
• Grupo 01: las cuatro grandes ciudades
(Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla).
• Grupo 02: 32 ciudades intermedias y capitales
departamentales con peso electoral relevante.
• Grupo 03: 188 municipios de tamaño medio con
presencia regional significativa.
• Grupo 04: el resto de municipios y consulados.
Los datos históricos de tres consultas de referencia, muestran una pauta
que ha persistido durante más de cuatro décadas:
La
lección del 2018 que no puede repetirse
El antecedente más próximo y más pertinente es la Consulta
de 2018, donde Federico Gutiérrez ganó con claridad, pero no supo convertir ese
triunfo en una candidatura presidencial competitiva:
La clave está en la columna
de partidos: el Conservador y Cambio Radical aportaron el 25% de los votos en
todos los grupos, con una distribución territorial más homogénea que la de
cualquier candidato individual. Cuando Gutiérrez avanzó hacia la primera vuelta
sin formalizar ese apoyo, perdió exactamente esa base —y con ella, la
posibilidad de pasar a segunda vuelta.
El 2026 reproduce el mismo
dilema. Paloma Valencia lidera la consulta, pero sin partidos adicionales. Sin
un acuerdo programático que los vincule a una candidatura presidencial única,
la Gran Consulta corre el riesgo de repetir el desenlace del 2018: ganar la
consulta y perder la primera vuelta.
El escenario de 2026: distribución por grupos de ciudades
Los resultados de la Gran Consulta del 8 de marzo
muestran el mismo patrón histórico, pero con diferencias importantes entre
candidatos, que son decisivas para leer sus perspectivas presidenciales:
La columna de porcentaje de electores es el punto
de partida para leer bien la tabla. Las cuatro ciudades grandes concentran el
25% del censo electoral, pero aportaron el 37% de los votos totales de la
consulta, lo que confirma la mayor movilización relativa de los centros
urbanos. El resto del país —que representa el 50% del electorado— también
aportó el 37% de los votos, pero con una tasa de participación
proporcionalmente mucho menor. Ahí está el potencial sin explotar.
La diferencia entre los dos líderes de la consulta
es clara. Oviedo concentró el 51% de su votación en las cuatro ciudades grandes
—catorce puntos por encima del promedio de la consulta—, lo que confirma su
perfil de candidato predominantemente capitalino, anclado en Bogotá, donde
construyó su trayectoria como candidato a alcalde. Valencia, en cambio, obtuvo
el 41% de su votación en el resto del país, por encima del promedio (37%), lo
que le da una distribución territorial más equilibrada y potencialmente más
competitiva en una primera vuelta de alcance nacional.
Visto desde el ángulo de la primera vuelta, el reto
es no repetir el error de Gutiérrez.
Reflexión
final: lo que los números dicen y lo que aún queda por resolver
Los resultados del 8 de marzo reconfiguran, pero no
resuelven el escenario presidencial. La Gran Consulta demostró tener músculo
real —más de 5.8 millones de votos—, y la historia electoral colombiana sugiere
que ese volumen es suficiente para competir en primera vuelta. Pero competir no
es pasar a segunda vuelta.
Para llegar a segunda vuelta, los datos históricos
son precisos: ningún candidato ha logrado ese paso sin construir coaliciones
que vayan más allá de su base propia. El primer obstáculo para todos los
candidatos —Paloma Valencia, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella o Sergio
Fajardo— es resolver, en los próximos meses, cómo capturar el voto de los más
de 10 millones de colombianos que el 8 de marzo eligieron Congreso, pero no
tienen aún un destino presidencial definido. Esa masa —dispersa, sin rostro,
pero políticamente activa— es el gran botín de la campaña que empieza, y quien
logre interpelarla primero habrá dado el paso más importante hacia la segunda
vuelta.
petosena@gmail.com - https://jorgealbertoserna.blogspot.com/
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