29 - Regionalización del Presupuesto: El Quindío necesita indicadores, no diagnósticos tardíos
Una metáfora que no nos podemos permitir
Quienes llevamos algunos años encima sabemos que los exámenes médicos se
vuelven rutina. No esperamos a estar enfermos para ir al médico: medimos el
colesterol, el azúcar, la presión. Controlamos año a año. Tomamos decisiones
preventivas con base en datos. Si esperáramos tres años para hacer un
diagnóstico, probablemente el problema ya habría emporado.
La misma lógica aplica al seguimiento
del presupuesto público. Un dato suelto es solo un número; un indicador con
seguimiento oportuno, es una herramienta de control ciudadano. Si este
indicador se hubiera socializado desde 2022, la caída del Quindío en la
regionalización del presupuesto se habría detectado a tiempo, cuando aún había
margen de maniobra para presionar correcciones dentro del ciclo presupuestal
vigente, no después que el daño ya estuviera consumado.
Los números que no mienten: el Quindío, el más
perjudicado
Los datos de participación departamental en el presupuesto nacional son
contundentes. Comparando los tres últimos gobiernos con el actual, el Quindío
fue el departamento que más descendió en ingresos regionalizados a nivel
nacional. No el que menos creció: el que más perdió.
La pregunta que debemos hacernos no es por
qué ocurrió esto —ya lo sabemos: poco peso político, débil articulación
regional, ausencia de representación efectiva en el Congreso, proyectos mal
estructurados o sin viabilidad técnica, e institucionalidad fragmentada que
negocia por separado—. La pregunta es: ¿Cómo evitamos que vuelva a suceder?
El peso específico del Quindío: un problema estructural
Con apenas el 0,7% del presupuesto nacional regionalizado, el Quindío
enfrenta una realidad que no puede seguir ignorándose: somos un departamento
pequeño en territorio, población y PIB. Nuestra capacidad de presión individual
sobre el gobierno nacional en el momento de negociar el Plan Nacional de
Desarrollo es, honestamente, muy limitada.
Pero no estamos solos. Los cuatro
departamentos de la RAP Eje Cafetero —Caldas, Quindío, Risaralda y Tolima—
representaron el 7,2% del presupuesto nacional regionalizado en 2011, llegando
a su punto más alto con el 7,5% en 2019, y hoy han caído al 5,4%. Una pérdida
de casi dos puntos porcentuales, que no es casualidad, es el resultado de
llegar desarticulados, sin agenda común y sin indicadores que demuestren el
rezago. Recuperar el 7% como piso mínimo de participación regional, es el
objetivo que debe unir a los cuatro departamentos en la negociación del próximo
Plan Nacional de Desarrollo.
Aquí está la oportunidad y el reto: cuatro departamentos con vocaciones
complementarias, con historia compartida y con problemas comunes deben aprender
a hablar con una sola voz frente al gobierno nacional. No para perder
identidad, sino para ganar influencia.
La RAP como plataforma de presión: unidad o irrelevancia
La RAP Eje Cafetero —Caldas, Quindío,
Risaralda y Tolima— fue concebida como mecanismo de articulación territorial,
pero su potencial como instrumento de negociación presupuestal sigue sin
aprovecharse plenamente. El próximo Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030, es
la ventana crítica para cambiar eso, y ese momento es ahora. Los cuatro
departamentos deben llegar juntos a esa negociación con proyectos priorizados,
argumentos técnicos sólidos y —sobre todo— indicadores que demuestren el rezago
histórico y justifiquen una inversión diferencial para la región.
Sin esa articulación, cada
departamento seguirá llegando por separado, con menor poder de negociación,
repitiendo la historia de los últimos doce años.
Los indicadores: el corazón del problema
Ya hemos insistido en la urgencia de
construir indicadores locales propios. Este artículo lo confirma desde un
ángulo concreto: si hubiera existido desde 2022, un sistema de monitoreo anual
de la inversión presupuestal por departamento, la caída del Quindío se habría
detectado a tiempo para activar alertas y exigir correcciones. No existía ese
sistema —o si existía, nadie lo miraba con la frecuencia necesaria—. Estos
indicadores deben publicarse periódicamente, discutirse en los consejos
departamentales, los gremios y los medios, y convertirse en el termómetro que
le diga a la sociedad civil quindiana, cómo estamos frente al resto del país.
Un llamado a la acción regional: ahora, no después del
plan
La negociación del Plan Nacional de
Desarrollo 2026-2030 comienza con el nuevo gobierno, y quienes lleguen
preparados y articulados, serán los que incluyan sus prioridades. Caldas,
Quindío, Risaralda y Tolima, deben construir ya una agenda regional común con
proyectos priorizados, brechas documentadas en educación, salud e
infraestructura, y una posición unificada frente a la reforma al SGP. No cuando
el gobierno asuma. Ahora.
El Quindío no puede seguir llegando
tarde al médico. Necesitamos los indicadores antes de que el diagnóstico sea
terminal. La regionalización del presupuesto nos enseñó una lección dura:
cuando no medimos, cuando no exigimos, cuando no nos articulamos, otros deciden
por nosotros.
Que el próximo Plan Nacional de
Desarrollo encuentre al Quindío y a sus aliados regionales preparados,
organizados y con datos en la mano. Esa es la única forma de revertir la
tendencia.
Reto adicional: el SGP y el nuevo Congreso
Hay un segundo frente de pérdida: el SGP.
Los cuatro departamentos de la RAP pasaron del 8,3% al 7,3% en su
participación, un punto porcentual menos para financiar educación, salud y agua
potable en la región.
La reforma al SGP y la Ley de Transferencias se define en el Congreso. Los representantes que elijamos el 8 de marzo deben llegar con un mandato claro: defender la participación histórica de la RAP y evitar que las nuevas fórmulas de distribución profundicen el deterioro.
petosena@gmail.com - https://jorgealbertoserna.blogspot.com/
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